Esta preciosidad, me la hicieron llegar la semana pasada
desde el colegio de Dario, para ver si les podía decir algo sobre esta
"araña" tan rara. La señora de la limpieza la encontró en un baño. Me
hizo una ilusión tremenda toparme, por fin, con este magnífico animal, al que
nunca había tenido la oportunidad de ver "en directo".
Me encontraba ante uno de los arácnidos (no araña) más
raros y desconocidos. Gluvia Dorsalis, un solífugo endémico
exclusivamente de la península Ibérica.
Los solífugos habitan principalmente las regiones
desérticas y semidesérticas, donde se han descrito como posibles indicadores de
este tipo de biomas. No obstante Gluvia Dorsalis, nuestro amigo de
hoy, se ha encontrado en habitats de tipo mediterráneo, en la
Iberia de veranos cálidos, independientemente de la dureza de los inviernos
(Retamales, pinares, encinares, sabinares, alcornocales, quejigares, pastizales
y tomillares).
Imaginad las bestias típicas de las leyendas del
imaginario popular, ya sean de este u otro planeta: un animal acechante y
desconocido, difícil de encontrar, que pasa escondido en su guarida, la mayor
parte del día. Una bestia voraz, rápida y sigilosa, que solo en las horas
crepúsculares y bajo el manto de la noche, sale en busca de víctimas. Acercándose a
la luz, únicamente porque en ella puede encontrar multitud de presas.
Un animal de aspecto aterrador, con enormes y potentes
mandíbulas, con las que despedaza a su víctima sin darla un respiro, unos
brazos enormes, capaces de amarrar con fuerza cualquier intento de fuga y que
segrega sobre su presa moribunda, un líquido capaz de "disolverlas",
a fin de poder engullirlas fácilmente.
Estamos hablando de Gluvia Dorsalis.
Los solífugos tienden a ocultarse en guaridas temporales
de carácter diario o temporal, de modo que durante el día, o durante
determinadas épocas del año no son fáciles de ver. Algunas veces se les ha
visto bajo la luz del alumbrado en busca de insectos que son atraídos por la
misma, depredándolos activamente.
Son muy rápidos y voraces, y aunque no tienen veneno como
otros arácnidos, cazan apresando a sus víctimas con sus largos pedipalpos, terminados en una almohadilla
adhesiva, y lanzando incesantes mordiscos con sus potentes
queliceros de dientes aserrados, que hace las veces de mandíbula. Como otros
arácnidos tienen digestión externa, consistente en rociar con jugos digestivos a
su presa, lo que facilita la posterior succión de los restos en una forma
fluida.
Los solifugos cuando caen al agua entran en un estado
"catatónico", disminuyendo su metabolismo, pareciendo estar muertos.
Pero una vez fuera del líquido y pasado un rato, se recuperan y reinician su
actividad normalmente. Posiblemente se trate de una adaptación de estos
animales a los ambientes áridos en donde en alguna época del año podría haber
inundaciones por fuertes precipitaciones.
En fin, si tenéis la improbable suerte de encontraos con
este extraño animal. Sabed que os encontráis ante Gluvia dorsalis, un
arácnido del orden de los solífugos, que parece una araña, pero no lo es. Un
depredador nato, voraz y muy rápido, que bien podría haber sido la inspiración
de las bestias que cuentan las leyendas. Aun así, como en el conocido cuento
"La Bella y la Bestia", una vez se le conoce en profundidad, uno no
puede dejar de sentir cierta admiración por ellos. Por último os dejo un corto
video del programa "El jardín viviente" donde se habla de ellos.


